martes, 25 de noviembre de 2014

¡¡¡AY MAMÁ!!!





Federico vivía en un departamento en pleno centro de Córdoba con su amiga Karla. Ambos eran estudiantes universitarios. 
Ante  los ojos de ambas familias, sólo compartían el departamento... y nadie podía comprobar otra cosa...  
Un día, Federico invita a su madre a cenar una noche a su departamento. 
La madre, que vivía en los campos de las sierras, llegó con carnes, huevos, quesos, leche...y todo lo que las madres envían entappers a sus hijos cuando dejan la casa paterna. 
Imelda, la madre de Fede, preparó una exquisita comida.
Durante la cena, no pudo quitar su atención de la provocadora y sensual hermosura de Karla, la compañera de departamento de su hijo.  Se preguntó si estarían acostándose juntos, si compartían la cama de plaza y media de su hijo.
Leyendo a su madre el pensamiento, Federico le dijo:
- Mamá, sé lo que estás pensando...pero te aseguro que Karla y yo sólo somos compañeros de  departamento, muy buenos amigos y nada más... Además, ella no ha roto su relación con Mauricio y yo sigo con la idea de casarme con Brenda al finalizar la carrera... 
Aproximadamente una semana después, Karla le comentó a Federico que  desde el día en que su madre vino a cenar, no encontraba el cucharón grande para servir las salsas, utensilio que necesitaba para servir los canelones de acelga que Imelda le había dejado. 
Federico  le contestó que, conociendo a su madre, le escribiría un mail.

Querida Mamá:
 yo no  digo que vos te llevaste un cucharón para servir salsas,pero tampoco estoy diciendo que no lo hicieras... El hecho es que el objeto ha desaparecido desde que viniste a cenar a mi departamento y ya no queda lugar donde buscarlo. Espero que me digas que se trata de una broma y no que te has vuelto cleptómana... 
                        Con todo cariño, tu hijo Federico.

Unos días más tarde, Fede recibe un mail de su madre diciendo:
Querido hijo:
 yo no digo que te acuestes con Karla, pero tampoco digo que no te acuestes con ella, pero el hecho es que si Karla se acostara en su propia cama, ya habría encontrado el cucharón de plata para servir salsas que yo puse bajo sus sábanas...y también es cierto que si usaras forros, habrías encontrado este mensaje, que dejé en la caja de los preservativos: "¿Vas a comer salsas? Cuidáte de no chorrear..."
Espero que me digas que, como siempre, tengo razón y no que te has vuelto mitómano...    
                   Con todo cariño, tu mamá.


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